El primer ministro británico, Andy Burnham.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedasEl primer ministro británico, el laborista Andy Burnham, ha desvelado por fin la mayoría de sus cartas con las que pretende deshacer buena parte de las reformas privatizadoras de Margaret Thatcher y construir el Reino Unido de la próxima década.
Es el séptimo primer ministro desde el Brexit y la mayoría absoluta que le legó Keir Starmer no le garantiza éxito.
Burnham cuenta con una herramienta muy poderosa en la política actual: empatía y capacidad de comunicar, justo lo que le faltaba a su antecesor.
En las últimas semanas ha lanzado propuestas que no podrían calificarse en general como populistas, aunque sí situadas más a la izquierda que las de Starmer.
El premier se ha atrevido a tocar las pensiones (subirán, pero menos), quiere terminar con la lamentable tendencia de que cada vez más jóvenes optan por subsidios en vez de trabajar y ha tenido el coraje de proponer –no es poco– la vuelta a la UE como uno de los escenarios que habrá que discutir en el futuro.
Su mensaje de llevar el crecimiento a cada rincón, de ayudar a la población a lidiar con el alza del coste de la vida y de mayor control público sobre la vivienda, el agua y la energía pueden sonar bien ante la audiencia laborista, pero los mercados han reaccionado con cierta cautela.
El coste de la deuda está en máximos de 30 años, pero sobre todo por la tendencia general. Los presupuestos del próximo 28 de octubre marcarán claramente la seriedad del cambio anunciado y, sobre todo, cómo piensa financiarlo sin desviarse del ajuste presupuestario al que se ha comprometido. Nadie ha olvidado a Liz Truss.
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