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El leviatán francés

El leviatán francés
OPINIÓNEl leviatán francés 24 OCT. 2026 - 12:53A2-186266732.jpgSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Francia coquetea con convertirse en el “enfermo de Europa” y engordar las listas de países con problemas de financiación en el largo plazo.

Thomas Hobbes defendió en su obra Leviatán (1651) que, sin una autoridad común capaz de garantizar la seguridad, los individuos quedarían expuestos al conflicto y la incertidumbre. La solución pasaba por instituir un poder soberano fuerte, al que los individuos autorizaban para preservar la paz y el orden. Un planteamiento que deja abierta una cuestión que sigue plenamente vigente: ¿cuánta libertad, poder y recursos estamos dispuestos a concentrar en el Estado a cambio de protección y seguridad?

Francia ofrece hoy un ejemplo especialmente interesante de esa tensión. Durante décadas, el país ha construido uno de los sistemas de protección social más extensos de Europa. Su legitimidad descansa en la promesa de proteger a los ciudadanos frente a los riesgos económicos y sociales. Sin embargo, esa protección requiere una base productiva capaz de sostenerla y unas finanzas públicas compatibles con sus compromisos.

Hoy Francia soporta una prima de riesgo superior a 170 puntos básicos (la mayor de los países líderes de la zona euro) y un bono que ya supera el 5% en su tramo a diez años. Merece la pena recordar que en septiembre de 2025 el Gobierno cayó tras perder una votación de confianza vinculada a su estrategia presupuestaria, evidenciando la dificultad de construir una mayoría parlamentaria para consolidar las finanzas públicas del país.

El mayor tamaño del Estado en Europa

Francia ha hecho gala de su Estado de bienestar durante décadas. Es el segundo país de Europa con mayor peso del gasto público sobre el PIB (supera el 57%) y también una de las economías que impone un mayor esfuerzo fiscal a sus ciudadanos. Por ejemplo, la OCDE muestra que el 47,2% del coste laboral se va en impuestos y cotizaciones sociales, la tercera cifra más alta del ránking Taxing Wages.

Francia es reconocida en los distintos foros económicos como un lugar donde el mercado laboral es costoso y rígido, la tributación al ahorro y a la inversión elevada, la burocracia abundante y las facilidades para emprender reducidas.

Además, al igual que el resto de Europa, arrastra desde hace años un problema demográfico importante, con una esperanza de vida al alza y unas tasas de natalidad/fertilidad muy reducidas, que apenas garantizan el relevo demográfico, además de añadir presiones a sus cuentas públicas que vamos a abordar más adelante.

Hasta ahora, estas carencias se venían supliendo con la inmigración, siendo uno de los países más receptores de inmigrantes de Europa. Una inmigración, sin embargo, con unos índices de productividad muy reducidos, y que también añade presión adicional al estado de la finanzas públicas por la estructura del Estado de bienestar francés.

Uno de los puntos fuertes en los últimos años de Francia ha sido sus mercados energéticos. La apuesta por la energía nuclear ha supuesto una factura eléctrica barata y una disponibilidad abundante para el sector industrial, aunque esta ventaja se ha visto compensada por unos precios del petróleo internacionales que se han trasladado con fuerza al mercado francés, y por los precios del gas que también han sufrido disrupciones relevantes en el país galo.

Como consecuencia de ello, y siguiendo la estela de prácticamente todas las economías desarrolladas, los precios han aumentado en Francia durante los últimos meses. Debemos señalar, no obstante, que la inflación en Francia ha sido inferior a la media europea. En septiembre de 2026 (último dato conocido), la tasa de inflación en Francia era del 3,4% interanual, frente al 3,8% de media en la Unión Europea, el 5,1% de Grecia ó el 5% de España.

Por otra parte, el sector exterior francés también supone un elemento de desequilibrio: tanto la balanza de bienes como la balanza por cuenta corriente presentan un déficit estructural, lo cual requiere financiación del exterior y supone una vulnerabilidad adicional. La cuenta financiera, por su parte, refleja también una pérdida de tracción: en 2025 se produjo una situación de equilibrio frente a las entradas de capitales netas de los años anteriores.

Hay, por lo tanto, dos problemas de fondo que subyacen en Francia: El primero es una productividad que, según los datos de Eurostat, es un 0,8% inferior a la de 2025; y el segundo es de sostenibilidad de sus finanzas públicas, que abordamos a continuación.

Un Estado dependiente del gasto público

Como ya hemos comentado anteriormente, Francia es uno de los países más generosos en cuanto a su gasto público. El país no conoce una situación de equilibrio presupuestario o superávit público desde que existen registros oficiales; esto es, desde 1974. Si eliminamos el efecto del pago de intereses, hay que remontarse a principios de los años 2000 para encontrar un superávit primario en las finanzas públicas galas. Merece la pena recordar que un déficit inferior al 3% del PIB fue un requisito para poder acceder a la Unión Europea y adoptar el euro como moneda de referencia.

Para 2026 y 2027, el Gobierno de Francia ha presupuestado un déficit público del 5,4% y el 5% del PIB, respectivamente. Esto, en una situación con vientos de cola en materia financiera (los ingresos públicos de todos los países están creciendo como consecuencia de una inflación al alza y de una situación de bonanza en los distintos mercados laborales), supone un desequilibrio difícilmente explicable para los mercados financieros.

De ahí las cifras con las que hemos comenzado este breve análisis: hoy Francia coquetea con convertirse en el “enfermo de Europa” y pasar a engordar las listas de países con problemas de financiación en el largo plazo, como ya está ocurriendo en Japón o en Estados Unidos.

La deuda de las Administraciones Públicas francesas está ligeramente por debajo del 120% del PIB. Esto es una cifra que prácticamente duplica lo establecido en el Tratado de Maastricht para ser miembro de la Unión Europea, pero, sobre todo, es una cifra que refleja una amenaza clara para la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Si aumentamos el scope e incluimos el endeudamiento privado (empresas no financieras y hogares), según el Banco de Pagos Internacionales (BIS) el endeudamiento francés supera el 330% del PIB y es el segundo más elevado del mundo, solamente superado por Japón.

Por lo tanto, Francia es una economía muy dependiente del gasto público. Mientras los ingresos sigan evolucionando favorablemente y mantenga el acceso a los mercados, la respiración asistida lo mantendrá con vida.

Ahora bien, el gasto en intereses ya se lleva el 2% del PIB francés y el 10% del Presupuesto. Si añadimos el resto de gasto corriente vinculado al Estado de bienestar (pensiones y transferencias), así como la gran estructura de gastos corrientes del Estado (trabajadores públicos), el margen de maniobra es muy reducido ante cualquier perturbación que se produzca en los mercados financieros internacionales y/o en la evolución interna.

Según el FMI, Francia va a crecer un 0,4% en 2026 y un 0,7% en 2027, mientras que la inflación va a superar el 2% en ambos años. No se puede hablar de una situación de estanflación, pues las cifras de inflación continúan siendo moderadas, pero sí de una pérdida de tracción con un impacto directo sobre las finanzas públicas. De ahí la preocupación de sus gobernantes, y la frustración de la ciudadanía.

El Estado que amplía continuamente sus compromisos sin asegurar una base suficiente de crecimiento y recursos corre el riesgo de debilitar la economía que los sostiene. Porque acotar la libertad individual y alimentar hasta la extenuación al Leviatán para que gestione el Estado puede producir un efecto bumerán: el Estado acaba siendo devorado por el Leviatán.

Daniel Rodríguez Asensio, Economista

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