
El malestar por el alto coste de la vida acecha al gobierno de la ultraderechista, que aprueba un decreto-ley que acelera la concesión de ayudas a los sectores del transporte, agricultura y pesca, todos ellos movilizados
Las protestas se extienden por Europa mientras la derecha culpa a la migración de los disturbios en Francia
Gasolineras sin combustible, estantes vacíos en supermercados, aeropuertos parados por falta de carburante y fábricas sin funcionar. Este es el panorama estos días en partes de Italia, abocada a una escasez creciente de suministros por una extendida huelga de transportistas que protestan por el encarecimiento del gasóleo que ha cortado carreteras del sur del país, paralizado desde que la movilización comenzó hace una semana. Los días previos, el foco estuvo en el norte del país por los disturbios y saqueos de comercios en Milán, pero el malestar por el alto coste de la vida acecha al Gobierno de Giorgia Meloni desde varios frentes, también el mezzogiorno. Esto le obligó a reunirse este jueves en un consejo de ministros para aprobar con urgencia un decreto-ley que acelera la concesión de ayudas a los sectores del transporte, agricultura y pesca, todos ellos movilizados.
“En algunas zonas, unos pocos individuos siguen bloqueando carreteras y no se paran ahí. Amenazan a quiénes quieren trabajar y pinchan ruedas de los camiones de sus compañeros. Esto no es protesta, es intimidación, y no lo toleraremos”, declaró Meloni, en un mensaje difundido por redes sociales tras la aprobación del decreto, tras un acuerdo con varias asociaciones de transportistas, con las que se pactó la liberación “inmediata” de 480 millones en créditos fiscales sobre sus gastos en gasóleo. “Las empresas recibirán en los próximos días un adelanto de estos créditos, cuyo importe cubriremos después íntegramente”, agregó Meloni.
El Gobierno también se comprometió a sumar 60 millones de euros como incentivo para abaratar en 45 céntimos de euro el litro del carburante agrícola, otra medida para aplacar una huelga que en los últimos días incrementó las preocupaciones de la coalición de la líder ultraderechista al poner en jaque la cadena de suministros de Italia.
Las protestas en el mezzogiorno han causado serios problemas de abastecimientos en cada vez más partes del país, donde el 92% del transporte de mercancías se gestiona por carretera, cifra que llega al 97% en el sur. El Gobierno anunció esta semana ayudas de 1.000 millones de euros al sector para calmar los ánimos, pero los transportistas insistieron en que mantendrían bloqueos de autopistas y nudos clave de comunicación hasta no obtener garantías claras para afrontar los altos costes del diésel. Su precio roza casi los 2,30 euros al litro y subió en torno a un 40% en un año, un costo inasumible para los camioneros, pero también para agricultores. Estos últimos participan a su vez en las protestas del sur, una zona donde la agricultura tiene aún mucho peso, mientras que estos días varios colectivos de pescadores se sumaron a una movilización que iba in crescendo.
Los precios del diésel rozan los 2,30 euros en muchos puntos de Italia, y ayer en Roma estaban en torno a 2,25 “Llevamos a cabo una protesta inaudita en la Italia de los últimos años, pacífica y bien organizada, y como el Estado no pudo acabar con ella de forma lícita, recurrió a la fuerza y a grupos antidisturbios para desmontar los bloqueos”, aseguró a elDiario.es Alfonso Salzano, conductor de la provincia de Caserta que tomó parte en los piquetes durante la semana. Según agregó, “el malestar es general, y el decreto del Gobierno no cumple casi ninguna de las reivindicaciones, porque sólo desbloquea dinero que ya se debía dar a los transportistas”.
“No pedíamos más fondos ni financiación, sino reglas más justas y un techo al precio del diésel”, añade el camionero. Según cuenta, los cortes de carreteras van a la baja por la acción de las fuerzas de seguridad, pero los bloqueos se mantienen en ciertas zonas del sur y la mayoría de transportistas quiere seguir con la protesta.
En Nápoles, capital de la Campania, una de las regiones meridionales donde las protestas tienen más fuerza, con interrupciones al tráfico en autopistas o accesos a infraestructuras clave y centros logísticos. La falta de productos en los supermercados, o las largas colas para obtener el poco carburante que quedaba, se extendieron por Campania y otras regiones del sur donde las protestas fueron candentes, como Apulia, Calabria o Sicilia, todas ellas parten de un sur rural con desarrollo económico menor respecto al norte del país.
A estas alturas, unos siete aeropuertos se vieron afectados por la escasez de carburante. El jueves, el de Crotone y Calabria se quedaron sin queroseno. A su vez, otros más grandes como el de Catania en Sicilia o Nápoles también tuvieron limitaciones de suministros. La escasez de productos, sobre todo alimentos frescos como verdura, frutas, leche y otros lácteos, es muy patente en ciudades como Caserta, Bari o Nápoles. De hecho, los alcaldes de Nápoles y Bari advierten de una parálisis urbana si sigue sin haber combustible, lo que podría parar la recogida de residuos, el transporte público o sanitario y la conexión con islas como Ischia.
Granjas de mozzarella paradas
La falta de materia prima también paró la producción en plantas de procesamiento de alimentos, en las granjas de mozzarella de búfala o de grandes fábricas de pasta de Italia, una industria que tiene su epicentro en el sur. “Hace días que han ido escaseando productos en toda Campania, desde fruta, verduras o carne, y este jueves mucha gente entró en pánico y comenzó a vaciar los estantes de pasta o productos de conserva”, cuenta a elDiario.es Pasquale Cirillo, residente en Caserta, quién apoya las protestas de transportistas y campesinos.
En Nápoles y muchas partes de Campania, la falta de carburante llevó a que se formaran “colas larguísimas” de coches en las gasolineras, en búsqueda de la poca gasolina que aún había. “Hay colas de hasta una hora de para poder repostar”, comenta a elDiario.es Giuliano Granato, vecino de la ciudad y portavoz del partido izquierdista Potere al Popolo. Según denuncia, el creciente “impulso represivo” del Gobierno para parar la huelga y desmontar los bloqueos de carretera se ha hecho sentir cada vez más a medida que pasan las horas.
El Ejecutivo presiona a los transportistas para que paren los piquetes, apela a la libre circulación, cuestiona la legalidad de los cortes y alerta de su impacto económico, ante el temor que el desabastecimiento se extienda a otras partes de Italia. El miércoles se empezó a notar en Roma, con falta de combustible en algunas gasolineras y estantes vacías en supermercados, aunque no se llegó a los niveles del sur, mucho más afectados. “La distribución se empezó a reducir esta tarde”, decía ayer a eldiario.es un empleado de un supermercado romano, aunque otros centros comerciales de la capital abrían este jueves todavía sin una patente escasez.
Una gasolinera fuera de servicio en Roma el jueves por la noche, cuando la escasez de combustible se empezó a notar en la capital En las últimas horas, grupos de transportistas de Calabria y Sicilia anunciaron la suspensión de los bloqueos, en vista a una reunión prevista el 27 de septiembre con el ministro de Transportes e Infraestructuras, Matteo Salvini, quién había prometido la entrega de 1.000 millones de euros en concepto de ayudas para la renovación de vehículos y la reducción del precio de los carburantes. “Estamos dispuestos a plantear un techo al precio del gasóleo, pero no a tolerar la criminalidad. Los que bloquean autopistas y amenazan a los que se suben al camión para hacer sus repartos cometen un delito”, alertó Salvini esta semana, en línea con el discurso de apertura a negociar del Gobierno, que a su vez mantiene la mano dura ante los bloqueos a la cadena logística.
“Quienes cortan las carreteras suponen un problema de orden público”, dijo el jueves el ministro de Empresas y Made in Italy, Adolfo Urso. Según agregó, “se hacen labores de identificación para acabar con los bloqueos”. Las fuerzas policiales identificaron ya a 1.339 participantes en la huelga, y a su vez interpusieron 71 denuncias y multas administrativas a 242 personas, según cifras del Ministerio del Interior, que puso a disposición un servicio de escolta para acompañar a cualquier camionero que quiera transportar sus mercancías sin trabas.
La economía se para
“Hubo 500 camiones que fueron escoltados por las fuerzas de seguridad para evitar que les pararan”, dijo el ministro de Agricultura, Francesco Lollobrigida. Este también declaró que podría haber infiltración del crimen organizado entre los movilizados, un extremo que recalcó este jueves el titular de Justicia, Carlo Nordio. Según remarcó, ve “muy probable” que la Camorra u otros grupos “exploten” las protestas en beneficio propio, un extremo que sindicatos como USB niegan, al verlo como otro tentativo criminalizador del actual Ejecutivo para parar unas protestas que fueron ganando intensidad desde que los bloqueos empezaron hace una semana.
Según Massimo Pedretti, sindicalista de USB presente en la huelga, las protestas se extendieron este jueves a la región central del Lazio. “Cuando la protesta llega al centro de Italia, la economía se para, porque comienza a bloquear también el norte”, en un país alargado y conectado por grandes arterias de norte a sur, una geografía que hace fácil cortar su principal autopista, destaca la misma fuente. Según denuncia, los camioneros “son un sector históricamente olvidado en Italia”, y “desde hace décadas reivindican mejores condiciones de seguridad, laborales y salariales que no llegan”.
En Italia, el alto precio de los carburantes era un asunto que se arrastraba ya desde el estallido de la guerra de Ucrania y las sanciones contra Rusia, aunque la reciente escalada bélica de Estados Unidos e Israel contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz acabó de disparar los precios del combustible,“un choque exógeno” que no se debe a la situación interna de Italia, pero que el Gobierno habría podido prever con más anticipación, resalta a elDiario.es Cesare Pozzi, profesor de Economía de la Universidad LUISS de Roma, que aboga por reformas estructurales que reduzcan las tasas del gasóleo, que suponen más del 50% de su precio por litro.
“Los impuestos son demasiados altos respecto a la capacidad para asumir el coste de un sector fundamental como el de los transportistas. Si se bloquea el transporte por carretera se para todo”, asegura el docente, mientras los transportistas se quejan de que pagan hasta 3.000 euros para cargar el depósito en rutas de largo alcance como la que va de Sicilia a Milán, unos precios inasumibles que llevó a muchos a una huelga que aprieta cada vez más las tuercas a Meloni, a quién se le multiplican las protestas de distinto tipo por el país.



