ILUSTRACION DE COSTHANZO PARA LA OPINIÓN DEL 23 DE OCTUBRE DE 2026. DE LO QUE SE HABLÓ Y FALTÓ EN LAS REUNIONES DEL FMICOSTHANZOSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedasLa política industrial y la intervención pública está siendo cada vez más importante.
Las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han mostrado el consenso acerca de la extraordinaria resiliencia de la economía mundial, que crece a buen ritmo pese a los conflictos geopolíticos, las alzas del precio del petróleo y de la inflación, el endurecimiento monetario y la fragmentación comercial.
La salud de los balances de empresas y familias y los estímulos fiscales han sostenido el crecimiento; pero es la inversión asociada a la inteligencia artificial la que está proporcionando un impulso extraordinario de demanda a través de la inversión en centros de datos, semiconductores, energía e infraestructuras; y elevadas valoraciones bursátiles que estimulan la inversión y el consumo.
De hecho, la IA dominó las conversaciones: desde la confianza en su potencial transformador a las dudas sobre cuándo, y con cuánta intensidad, se verá transformada en mayor productividad; desde la asimetría de sus efectos entre países y sectores, hasta el posible ajuste en las valoraciones bursátiles también al calor de la subida de tipos de interés a largo plazo. Y, de fondo, el temor a un incidente grave de ciberseguridad.
Los gobiernos y bancos centrales tienen dudas acerca de la sostenibilidad del crecimiento y están preocupados porque ante cualquier accidente, sea por una corrección en las Bolsas, o una crisis fiscal en algún país, o un nuevo shock geopolítico, la política económica va a tener menos margen de reacción. La política fiscal por falta de espacio ante los altos déficits y el aumento del coste de la deuda y la política monetaria por el entorno de alta inflación en la que nos encontramos. Sin ser complacientes, los analistas del sector privado son más optimistas acerca de la resiliencia de la economía.
Pero a mí me sorprendió más lo que faltó por decir, o de lo que se habló poco. Apenas se discutieron los desequilibrios de Estados Unidos, con elevados déficits fiscales y necesidades crecientes de financiación, ni de China, que sigue digiriendo la explosión de su burbuja inmobiliaria y depende excesivamente de la inversión y las exportaciones, con un consumo insuficiente y un superávit exterior extraordinario. Son desequilibrios diferentes, sin embargo estrechamente relacionados. El sector privado discutió ampliamente de estos temas, aunque el FMI casi ni los puso sobre la mesa en los debates en esta ocasión.
Puede que la fortaleza de la inversión estadounidense permita ver su déficit exterior con tranquilidad. No obstante, la sostenibilidad de esa inversión depende de que genere rentabilidades suficientes. Y el exceso de producción chino no desaparecerá mientras sus políticas continúen favoreciendo la producción frente al consumo y las ventajas absolutas de todos sus productos. Es un importante problema global sobre el que FMI ha pasado de puntillas.
Preguntas estructurales
Tampoco han hablado las instituciones globales directamente de las consecuencias de los aranceles de Estados Unidos, ni de cambio climático, desplazado por la seguridad energética cuando se hablaba del asunto, ni de las stablecoins, que habían ocupado más espacio en reuniones anteriores. Parece que la IA está desplazando algunas preguntas estructurales.
Hay una última cuestión que mereció menos atención de la que debería: el foco en la seguridad nacional, la competencia tecnológica y la búsqueda de autonomía estratégica están dominando las decisiones de inversión. Empresas y gobiernos quieren reducir dependencias, diversificar proveedores, asegurar suministros y controlar los puntos críticos de las cadenas de valor. Razonable, pero costoso.
Las empresas enfrentadas a estos mayores costes buscarán eficiencias, o necesitarán trasladarlos a precios, ganar escala para diluirlos o acceder a nuevos mercados. Los gobiernos responderán con subvenciones, aranceles, restricciones comerciales o incentivos fiscales en una carrera por la seguridad económica que aumentará las fricciones. Por eso es tan importante que la IA enseñe el camino a una mayor productividad pronto.
Hay otras externalidades negativas fuera del debate. Duplicar capacidades productivas, mantener proveedores alternativos o garantizar suministros bajo múltiples escenarios exige inversiones que difícilmente se pueden justificar solo por su rentabilidad económica. Se corre el riesgo de la sobreinversión. Y de que haya sectores donde se invierta menos.
La política industrial y la intervención pública está siendo cada vez más importante. Por eso debemos preocuparnos igualmente por la calidad de la intervención pública.
Jorge Sicilia, BBVA Research
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