COSTHANZOSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedasCon un Congreso dividido, lo más importante es que el margen para legislar se vería limitado y que aumentaría la supervisión sobre Trump. Un bloqueo político podría frenar ligeramente los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Durante este mes, los titulares acaparan las elecciones de mitad de mandato (midterm) de Estados Unidos, y con razón. La media de las encuestas muestra que los demócratas mantienen una ventaja en la votación genérica al Congreso, mientras que el control republicano de ambas cámaras parece cuestionable. Lo que hace varios meses parecía un panorama relativamente favorable para los republicanos en el Senado, se presenta considerablemente más reñido ahora.
Mientras tanto, los votantes siguen centrados en cuestiones que van desde la inflación y la asequibilidad hasta la inmigración y los precios de la energía, pasando por los efectos continuados del conflicto con Irán.
Un aspecto singular de este contexto es que la política fiscal ha tenido un papel dominante desde la pandemia del Covid-19. Todas las elecciones celebradas desde la pandemia han sido muy intensas para los inversores, debido a los numerosos cambios políticos que se han producido. Estas elecciones de mitad de mandato podrían cambiar la composición del Congreso, y eso significa que la capacidad de maniobra del presidente podría verse limitada o ampliada, dependiendo del resultado.
El clima de incertidumbre económica nos ha afectado desde hace ya varios años.
Escenarios políticos (y económicos)
Existe una cierta sensación de no saber hacia dónde pueden derivar las políticas. Lo que estamos siguiendo con mayor atención es si un único partido –concretamente, en estos momentos, el Partido Republicano– tendrá el control de ambas cámaras, y si ese resultado se mantendrá. Tanto si sale un Congreso dividido como si los demócratas logran una victoria aplastante, es probable que se produzcan cambios significativos en las políticas.
Y eso es importante para los inversores, ya que el mercado sigue orientándose hacia quiénes serán los ganadores relativos del futuro, en lugar de los del pasado.
El escenario de un Partido Republicano manteniendo el control de ambas cámaras es un resultado poco probable que permitiría al presidente continuar con su agenda tal como la concibe hoy en día, además de disponer de cierta capacidad para legislar. En cambio, el escenario más probable y que el mercado ya está descontando es un Congreso dividido. Los republicanos conservan el control del Senado. Los demócratas se hacen con la Cámara de Representantes. Algo normal, ya que estas elecciones de mitad de legislatura suelen ser un referéndum sobre el presidente en el cargo.
Si se diera un Congreso dividido, lo más importante es que el margen para legislar se verá limitado y que aumentará la supervisión sobre el presidente. El presidente ha presentado un programa muy sólido en materia de gasto en defensa.
Podríamos ver un gasto suplementario en defensa debido a la guerra. También podríamos ver alguna financiación para la agricultura, quizá algunos cambios en el gasto en infraestructuras. Todo ello podría reunirse en un paquete, tal vez equivalente a un 0,5% del PIB.
Una victoria aplastante de los demócratas también podría mantener la atención centrada en la asequibilidad, una cuestión clave para los votantes estadounidenses. Y podría imaginar un escenario el año que viene en el que los demócratas pongan en el punto de mira a muchas empresas, exigiéndoles más explicaciones, por ejemplo, sobre qué ha ocurrido con los cheques de devolución de los aranceles.
Consecuencias dentro y fuera de Estados Unidos
El hecho de que la agenda legislativa se vea reducida o ampliada tendrá una gran importancia para el mercado de bonos. La magnitud de lo que se ponga sobre la mesa podría depender, de hecho, del resultado de estas elecciones en muchos aspectos. Además, existe la presión a la que se vería sometido el secretario del Tesoro, Scott Bessent, si intentara poner un freno a los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Si se produjera un bloqueo político y no se pudiera gastar realmente más dinero, eso podría ser “una noticia relativamente buena para los rendimientos”. Puede que no sea el mejor resultado para el crecimiento económico, pero podría, de hecho, frenar ligeramente los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Una de las características definitorias de este ciclo económico es que se trata del cuarto repunte inflacionista impulsado por una crisis de oferta que ha experimentado la economía. Como inversores, estamos muy acostumbrados a que los precios suban por motivos relacionados con la demanda. Sabemos que la Reserva Federal puede tomar las medidas adecuadas y que podemos controlar esta situación. Sin embargo, si se trata de un aumento de los precios de la energía debido a una guerra, la capacidad de maniobra de la Fed es más limitada.
Estamos observando que los votantes se muestran cada vez más preocupados por el impacto de la IA en su entorno más cercano, ya sea por la construcción de centros de datos, por el precio de la electricidad, por cuestiones relacionadas con la seguridad infantil o la seguridad nacional, o por el impacto de la inteligencia artificial en toda la economía a medida que esta crece. Esto también plantea la incógnita de si habrá normativas que cumplir.
La pregunta es cuándo, en qué medida y de qué forma. Y ahí la falta de claridad también es evidente. Es cierto que, si nos ceñimos al tipo de escenarios que barajábamos, en caso de una victoria arrolladora de los demócratas, creo que el escrutinio aumentará considerablemente.
El Partido Republicano ha optado por hacer hincapié en los aspectos de la IA que favorecen el crecimiento, y el presidente, en particular, ha impulsado con fuerza esa línea, defendiendo que se mantenga el rumbo en materia de IA, también debido a la competencia con China. Sin embargo, el Partido Demócrata ha expresado una preocupación algo mayor al poner de relieve el reto de la asequibilidad, pero también el de la seguridad. Así pues, en caso de una victoria clara de los demócratas, aspectos como los centros de datos podrían ser objeto de un mayor escrutinio.
Mi apuesta es que en las elecciones de 2028 muchos candidatos incluirán la IA y su regulación como parte de su programa electoral, y que, en 2029, tras esas elecciones, podría darse incluso un apoyo bipartidista a la regulación de la IA. Suponiendo que la IA siga creciendo como muchos esperan, la posibilidad de que se apruebe una regulación es también algo a tener en cuenta.
Juhi Dhawan, Estratega macroeconómica en Wellington Management
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