El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Congreso de los Diputados.agenciasSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas- Sociedad. Nueva catástrofe en la alta velocidad con decenas de muertos y heridos
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El accidente de dos trenes vuelve a poner en cuestión la seguridad del sistema de alta velocidad en España. Sánchez reconoce que “no es asumible” sufrir dos accidentes de tren tan graves en menos de un año. Un ministro que no es capaz de garantizar la seguridad en un servicio crítico para la conectividad diaria de nuestro país no debería permanecer ni un minuto más ostentando responsabilidades de tal calibre.
El trágico accidente ferroviario provocado por el choque de un tren AVE contra uno de la compañía Iryo que permanecía parado a la altura de Urda (Toledo), sólo nueve meses después del ocurrido en Adamuz, vuelve a poner en cuestión la seguridad con que opera el sistema de alta velocidad en nuestro país. Aunque las primeras explicaciones ofrecidas por el ministro de Transportes, Óscar Puente, apuntan a un fallo humano en el control de la marcha de los trenes que circulaban por la vía Madrid-Sevilla, hay elementos que resultan inexplicables en un sistema tan avanzado como el desplegado en España durante las últimas décadas, que llegó a ser motivo de orgullo nacional e impulsó la competitividad de las empresas españolas del sector en los concursos internacionales de desarrollo de las infraestructuras ferroviarias. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, proclamó ayer desde la zona del siniestro que “no es asumible sufrir dos accidentes de tanta gravedad en el mismo año”.
Sistemas obsoletos
Lo cierto es que un fallo informático en el sistema LZB de señalización en las vías, obsoleto y en proceso de reemplazo por el más avanzado ERTMS, originó una cadena de sucesos desafortunados que resultaron en uno de los siniestros más graves de toda la historia de la red ferroviaria de alta velocidad, con decenas de muertos y heridos que viajaban en los trenes accidentados. Tampoco se comprende cómo es posible que no se detectara desde Adif, el gestor de la infraestructura, que un convoy AVE avanzaba a gran velocidad en dirección hacia donde estaba detenido el tren Iryo debido a la orden recibida tras el fallo del sistema de señalización, ni que se ordenase al AVE reanudar la marcha a velocidad normal, cuando el protocolo establece que en esas condiciones debe hacerse a baja marcha, pero no al Iryo, que estaba esperando la orden de reiniciar su andadura según la propia empresa. Lo cual contradice la secuencia de los hechos ofrecida por Puente desde el centro de control de Adif, dejando si cabe más tocada la credibilidad del responsable de las infraestructuras públicas. Su polémica gestión está en el punto de mira desde hace tiempo por los reiterados fallos del servicio ferroviario, no sólo en la alta velocidad, sino también en las cercanías y los servicios de media distancia. Que permanezca en su puesto sólo se explica por su lealtad inquebrantable a Sánchez, pero un ministro que no es capaz de garantizar la seguridad en un servicio crítico para la conectividad diaria de nuestro país no debería permanecer ni un minuto más ostentando responsabilidades de tal calibre.
Denuncia de los maquinistas
De hecho, el accidente de ayer se produjo un día antes de una nueva huelga convocada por los maquinistas de Renfe en protesta por la falta de garantías de seguridad en su operativa cotidiana nueve meses después del siniestro de Adamuz, en el que fallecieron otras 46 personas, entre ellas el conductor de la empresa de titularidad pública. Si bien ambos casos parecen tener causas diferentes, de fondo está la inseguridad que genera entre los profesionales y los usuarios del sistema ferroviario nacional la recurrencia de los fallos de funcionamiento durante los últimos meses en la línea de alta velocidad más antigua de nuestro país, en funcionamiento desde 1992, pese a las cuantiosas inversiones destinadas a su renovación. Por eso es más necesario que nunca realizar de una vez la prometida auditoría sobre las obras de actualización llevadas a cabo en esta infraestructura.
Inquietud ciudadana
Esta fatal sucesión de accidentes ferroviarios graves en tan corto lapso de tiempo, en un país que hasta el pasado mes de enero era un referente mundial por el veloz desarrollo de su red de alta velocidad, impone que se adopten decisiones rápidamente. Por ejemplo, la investigación urgente reclamada por el presidente del PP y líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, para tratar de restaurar la diezmada confianza de los ciudadanos en la seguridad de un servicio ferroviario clave para la conectividad de la cuarta mayor economía del euro.
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