Nueva York.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedasLos socios quedaron atónitos al darse cuenta de que una firma rentable con 95 años de historia y 1.200 abogados podía venirse abajo a causa de una serie de salidas.
El miércoles por la tarde, el comité de dirección de Weil, Gotshal & Manges se reunió en una sala de conferencias en el piso 25 del edificio General Motors de Manhattan, donde este prestigioso bufete ha tenido su sede durante casi 60 años. Estaban allí para comunicar una noticia que, apenas unas semanas antes, habría resultado impensable.
Los abogados de la firma siguieron por Zoom la intervención de Barry Wolf, su veterano presidente, que anunció que Weil había agotado todas sus opciones y, tras 95 años de actividad, la firma se disolvería. Al comenzar la reunión, los socios desconocían qué decisión se había tomado. Algunos de los presentes rompieron a llorar.
Los directivos de Weil no admitieron preguntas.
La ausencia de Michael Aiello, una figura clave en la captación de operaciones de fusiones y adquisiciones, y que se encontraba en los tribunales esa tarde, resultó muy significativa. Su decisión de marcharse a la firma rival Cravath, Swaine & Moore llevó a Weil al borde de la crisis. Aiello, que comunicó a la dirección sus planes de abandonar la firma en septiembre, era el perfil más destacado entre las decenas de abogados que han dejado el despacho desde principios de año.
Muchos de los que participaron en la llamada del miércoles quedaron atónitos: ¿cómo es posible que un bufete con un balance impecable, más de mil abogados y unos ingresos anuales de 2.000 millones de dólares pueda derrumbarse debido a la salida de varios socios? La respuesta arroja luz sobre los riesgos inherentes a los modelos de negocio de muchos grandes bufetes.
Este relato sobre la crisis en Weil se basa en conversaciones con más de 20 abogados y exabogados de la firma, así como con competidores, asesores y otras personas afectadas por su colapso.
Weil es el primer gran bufete que sucumbe a la cultura mercenaria que ha surgido en el sector de las grandes firmas jurídicas en los últimos años, donde un entorno en el que un mercado extremadamente competitivo para el fichaje de socios de otras firmas ha sustituido a un sistema en el que la mayoría de los abogados desarrollaban toda su carrera profesional en un mismo despacho.
“Estos bufetes no son más que personas”, señala un abogado de alto nivel en una firma rival. “No existen activos tangibles, productos físicos ni propiedad intelectual. Pueden ser entidades bastante frágiles”.
Hoy en día, los bufetes rivales ofrecen sumas astronómicas para captar a socios con gran capacidad de atraer negocio, con la esperanza de hacerse también con su cartera de clientes. Los salarios en el sector pueden superar los 30 millones de dólares, impulsados por los elevados honorarios que pagan los grupos de capital riesgo, y un pequeño número de firmas ha crecido rápidamente mediante la captación de socios de primer nivel junto con sus respectivos equipos.
Pero Weil se quedó en gran medida al margen de esta bonanza. Aiello se opuso a un crecimiento acelerado, mientras que Wolf expresaba su asombro ante la evolución que ha experimentado el mercado del talento jurídico. “La cantidad de tiempo que se dedica a atraer nuevo talento y a garantizar la retención del talento a nivel de socio es algo que, hace 15 o 16 años, cuando yo empecé, prácticamente no existía”, comentó Wolf en un pódcast de Weil el pasado mes de julio.
También afirmó que los mejores días de Weil estaban “por llegar”.
Las salidas más significativas de Weil comenzaron este verano. Los socios especializados en capital riesgo Christopher Machera y Brian Parness —cuyos clientes incluían a gigantes de Wall Street como TPG, Brookfield y Goldman Sachs— llevaban gran parte del año planteándose su marcha. Con pocas semanas de diferencia, Machera se marchó a Paul Weiss, donde más tarde le siguieron otros colegas, mientras que Parness se incorporó a Simpson Thacher.
Poco después llegó el golpe más duro: los planes de Aiello de marcharse a Cravath, llevándose consigo a un grupo de socios expertos en M&A. Junto a su equipo, Aiello generaba entre 100 y 150 millones de dólares de ingresos anuales, lo que representaba aproximadamente entre el 5% y el 7% de los ingresos totales de la firma. Machera, Parness y sus respectivos equipos aportaban otros 100 millones de dólares, aproximadamente.
A puerta cerrada, el bufete se enfrentaba a otro problema más. Ramona Nee, una especialista en capital riesgo de Boston, había sido elegida como la próxima líder de Weil, y debía relevar a Wolf en enero de 2027. Pero en agosto comunicó a un reducido grupo de altos directivos que ya no deseaba asumir el cargo, una decisión que sembró dudas sobre su futuro en la firma y sobre la estabilidad de la propia organización.
El comité de dirección fue informado al mes siguiente, pero los socios de capital permanecieron ajenos a la situación mientras la cúpula directiva decidía qué pasos seguir. Weil ya había contratado a Jon Henes, exsocio de Kirkland & Ellis especializado en procesos de insolvencia, para asesorar en la optimización de la firma dentro de su área de reestructuraciones, una labor que terminó convirtiéndose en gestión de crisis. Asimismo, se recurrió al bufete Davis Polk, cuyos abogados contaban con experiencia en procesos de fusión entre firmas legales.
La dirección de la firma concluyó que era necesaria una fusión, e identificó a Willkie Farr & Gallagher como la mejor opción. Se discutió un plan para anunciar la decisión de Nee de forma simultánea al anuncio de un acuerdo exitoso. Temían que, de hacerse pública antes, la noticia pudiera precipitar una crisis.
Durante el verano, Weil había anunciado con bombo varias incorporaciones “búmeran”: profesionales que regresaban al bufete tras haberlo abandonado años atrás. Sin embargo, la abrumadora oleada de salidas había generado un dilema del prisionero. Cada empleado empezó a velar por sus propios intereses en lugar de por los de la firma, y cada partida hacía más probable la siguiente.
Weil siguió trabajando en operaciones de gran envergadura, como la quiebra del fabricante de piezas para automóviles First Brands y la adquisición de la plataforma de streaming Roku por parte de Fox, que está siendo investigada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos—.
Bajo la superficie, sin embargo, la firma luchaba por gestionar su propia inestabilidad. Tras diversas negociaciones e intercambios de documentos con las condiciones financieras, las conversaciones con Willkie concluyeron a principios de la semana pasada. Weil podría haber intentado continuar operando como una firma independiente más pequeña, pero existía el riesgo de que los abogados que permanecieran en ella no lograran generar suficientes ingresos para cubrir los costes.
Mientras tanto, crecía la amenaza de que otros abogados clave de Weil también abandonaran el despacho. En Estados Unidos, dado que existe el principio de que toda persona tiene derecho a elegir a su propio abogado, las normas deontológicas prohíben en la práctica los acuerdos de no competencia. Otros tres abogados que formaban parte del comité de dirección —Drew Tulumello, Chantale Fiebig y Caroline Zalka— abandonaron la firma.
Para algunos socios que habían mantenido la calma y confiado en que el bufete se estabilizaría, esto supuso un punto de inflexión. El año pasado, Weil creó un “comité de estrategia y liderazgo global” compuesto por seis personas, con el objetivo de preparar a la firma para el futuro. Para la semana pasada, tres de sus seis integrantes —Aiello, Machera y Fiebig— ya habían anunciado su salida.
“No resulta tranquilizador saber que las personas encargadas de la estabilidad futura de la firma están haciendo las maletas y marchándose”, comentó entonces un socio de capital a Financial Times.
Los grandes bufetes de abogados “no son firmas que se definan por un sentido de compañerismo, ni por lealtad al derecho o a los clientes”, reflexionó esta semana dicho socio. “Es una relación puramente transaccional”.
El domingo, mientras los líderes se reunían para debatir la viabilidad de la firma, los socios les informaron de que otros grupos clave de abogados planeaban marcharse. Estas posibles salidas eran de tal trascendencia que, de concretarse, Weil no sobreviviría.En ese momento, la disolución de la firma se convirtió en la opción más probable. Esa misma noche, FT informó sobre la decisión de Nee de no asumir el cargo principal.
A raíz de ello, despachos rivales recibieron una avalancha de currículos de abogados de Weil de todos los niveles, lo que, a su juicio, evidenciaba una crisis de confianza cada vez más profunda. Las empresas de selección de personal intensificaron sus esfuerzos para captar a socios de Weil. Uno de ellos relató a FT que recibía más de una docena de llamadas diarias de estas agencias en el momento más crítico de la crisis. De hecho, recibió tres llamadas mientras hablaba por teléfono con FT.
Dentro de la firma, las deliberaciones se mantuvieron bajo estricto secreto, incluso cuando Davis Polk incorporó a sus expertos en reestructuración y AlixPartners entró en escena. Un socio de Weil comentó que los abogados asociados les preguntaban constantemente qué estaba ocurriendo, y dudaba de que los asociados les creyeran cuando afirmaban que ellos sabían tan poco como el resto.
Desde el anuncio del miércoles, el impacto inicial ha dado paso a la indignación entre algunos abogados y exabogados del despacho. Varios han planteado la posibilidad de que la cúpula directiva de Weil se enfrente a una demanda por los errores estratégicos cometidos en los últimos años. Otros atribuyeron la caída de Weil a Aiello y a otros por abandonar el barco, y a Nee por desentenderse de sus responsabilidades. Un tercer grupo discrepa. “Ramona trabajó sin descanso e hizo todo lo que pudo para que la firma siguiera siendo viable de cara al futuro”, afirmó un socio de Weil.
Los asesores especializados en el cierre ordenado de empresas se encargarán de cobrar los honorarios pendientes y destinarlos a saldar pasivos —entre ellos, el alquiler de los aproximadamente 35.300 metros cuadrados que la firma ocupaba en el edificio General Motors—.
Weil también tendrá deudas con sus socios y exsocios que mantienen cuentas de capital en la firma. Los abogados suelen utilizar su participación en el capital de un bufete como garantía para hipotecas de segundas residencias, por lo que la desaparición de Weil probablemente tendrá repercusiones financieras incluso para los abogados multimillonarios. Para el personal de apoyo —asistentes jurídicos, administrativos, investigadores—, el panorama parece aún más sombrío.
Weil ha comunicado que seguirá atendiendo los asuntos de sus clientes durante el proceso de liquidación.
Incluso cuando la firma se tambaleaba, sus abogados más destacados seguían inmersos en casos de gran repercusión. El miércoles, Aiello prestaba declaración ante un tribunal de Delaware en relación con la fallida fusión por 24.600 millones de dólares entre Albertsons y la cadena rival Kroger, un caso en el que también estaban presentes litigantes de Weil.
Matt Barr, responsable de reestructuraciones en Weil, representaba a golfistas profesionales afectados por la quiebra de la liga saudí LIV Golf. El encargo de Barr, asumido hace un mes, consistía en intentar evitar la liquidación del grupo deportivo. Irónicamente, las esperanzas de supervivencia de LIV seguían vivas el miércoles por la noche mientras el bufete de Barr había dejado de existir.
Alrededor de las 16:30 horas del miércoles, dos abogados asociados que habían comenzado sus carreras en Weil apenas una semana antes como parte de la promoción de este año abandonaron las oficinas de Manhattan. Uno de ellos comentó a FT que había pasado el verano en el bufete Willkie y que ojalá hubiera elegido esa opción. “¿Cómo íbamos a saberlo?”, se preguntó el otro. Les informaron de que recibirían su salario durante los próximos 90 días.
Esa misma tarde, un abogado de un bufete rival entrevistaba a letrados procedentes de Weil. El candidato preguntó cómo podía estar seguro de que no ocurriría lo mismo en esa otra firma. El entrevistador respondió que, hasta donde él sabía, todo iba bien.
“Eso mismo nos dijeron en Weil”, replicó el candidato.
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